Un año de Argentina campeón del mundo: con Messi en la tierra y Diego alentando desde el cielo…

Se cumple el primer aniversario de un día que los argentinos llevaremos guardado en el mejor de los lugares y por toda la eternidad. Argentina le ganaba a Francia en una infartante final en Qatar.

El momento sublime: Argentina campeón del mundo y 46 millones de argentinos llorando de emoción y festejando. Reuters

Todos los 18 de diciembre hasta la eternidad, el fútbol argentino guardará un lugar muy especial en un recuerdo que se hará permanente. Argentina campeón del mundo. Messi campeón del mundo. Por fin, el fútbol ponía sus cuentas en cero con el futbolista que a lo largo de casi 20 años permaneció allá arriba, siendo el mejor de todos.

Argentina es campeón del mundo en un partido final ante Francia para el infarto. Lo ganaba 2 a 0 y parecía definido. En dos minutos nos empataron. Fuimos al alargue. Lo ganábamos en una jugada con suspenso, nos volvieron a empatar. Apareció el Dibu Martínez para tapar un mano a mano increíble a Kolo Muani que llenó el estadio de suspenso y produjo palpitaciones únicas en las casi 90.000 almas que había en Lusail (y no quisiera imaginar lo que fue en cada rincón de la Argentina). Y hubo que definirlo en los penales. Y lo ganamos. Con sufrimiento, bien a lo «argento». Delirio en las tribunas, en la cancha y en toda la geografía argentina. Inolvidable, histórico. Y así, de esta manera, el fútbol pagó la deuda que tenía con Messi. Completito. Y más que nunca entendible aquella reacción de Messi apenas convertido el penal de Montiel, mirando hacia la tribuna, hacia sus afectos directos y moviendo acompasadamente los brazos de un lado para el otro como si fuesen «limpia parabrisas» como diciéndoles, con señas y a la distancia: «Ya está, listo, lo logré, después de esto ya no queda más nada…».Lionel Messi besa la copa antes de que se la entreguen. Persiguió el sueño contra viento y marea. Y lo logró. Archivo

Lionel Messi besa la copa antes de que se la entreguen. Persiguió el sueño contra viento y marea. Y lo logró. Archivo


La cautela francesa en el arranque frente a una mayor ambición de Argentina: así se dio el partido. Di María jugó bien abierto por izquierda, en una función de delantero más que de volante y siguiendo la subida de Koundé pero con el objetivo principal de atacarlo. Había que hacerlo. Porque Francia había demostrado que era una cosa atacando y otra muy distinta defendiendo. Por su parte, Francia soltaba mucho a Hernández por izquierda para que se junte con Mbappé. Y frente a eso, De Paul estaba atento para darle una mano a Molina y también al Cuti Romero, que era el central que lo auxiliaba.

Di María, ese jugador muchas veces discutido y del que se llegó a decir que no se «bancaba» jugar partidos decisivos y por eso se lesionaba tanto, empezó a hacer de las suyas. Enganchando por izquierda y hacia adentro, dejó en el camino a su marcador. Lo tocaron abajo cuando la pelota le había quedado para la derecha, cayó y Marciniak no dudó en cobrar la pena máxima. Messi hizo lo suyo con una brillante ejecución que descolocó por completo a Lloris. El delirio se instaló en las tribunas. El gol (o mejor dicho la jugada del gol) le dio plena razón a Scaloni en su decisión de colocar a Di María desde el arranque. Se había convertido desde el minuto 0 en el jugador más peligroso de Argentina.

Ahí vinieron los mejores minutos de Argentina. Francia no se recuperaba del golpe y la selección crecía con un buen trabajo de los volantes en el manejo de la pelota, frente a una pasividad alarmante de los franceses que no apretaban, marcaban de lejos y daban espacios que Argentina aprovechaba para ejercer el control absoluto del partido.

Y en ese contexto llegó el golazo de Di María. Una jugaba excepcional, que arrancó desde atrás, con Messi abriendo la pelota hacia la derecha para De Paul, quien colocó la pelota en profundidad para el pique de MacAllister en la búsqueda de un espacio vacío que capitalizó con esa inteligencia y convicción de él y del resto de los volantes argentinos. Luego vino el pase para Di María, también solo por el otro costado, quien remató en forma cruzada ante la salida de Lloris. 2 a 0 claro, contundente, merecido y producto de un muy buen partido del equipo de Scaloni.

Deschamps se dio cuenta del descontrol de su equipo y metió dos cambios. Thuram y Kolo Muani a la cancha por Dembelé y Giroud. Ya Mbappé se fue a jugar como centrodelantero y los que entraron se pararon por los carriles. Cambio de esquema. Ahora Francia se paró 4-4-2, tratando de equilibrar la zona media en la que Argentina ganaba con amplitud. Pero, sobre todo, lo que pretendía Deschamps era cambiar esa imagen híbrida, absolutamente fría de un equipo que no parecía estar jugando una final.

Se notaba la firmeza y la entrega que ponía Argentina en cada jugada. Tanto fue así que un equipo ultra peligroso y con jugadores de gran jerarquía como Francia, no lograba inquietar una sola vez el arco defendido por Emiliano Martínez. Hasta Messi se sumaba a esa vorágine recuperadora de la pelota en que se había convertido el equipo de Scaloni en un primer tiempo notable.

Poco y nada cambió en el complemento. Con espacios, Argentina era más peligroso que Francia. Mucha movilidad en Julián Alvarez, incansable trajinar de los tres del medio y Di María que seguía siendo una pesadilla para Koundé, desbordándolo cuántas veces quiso. Y en el fondo, mucha solvencia. Cada réplica de Argentina presagiaba peligro, el equipo estaba rápido, el rival dejaba espacios y los volantes aparecían con mucha decisión por sorpresa.

Scaloni sacó de la cancha a la figura de Argentina –Di María-, ya extenuado y con el deber totalmente cumplido, y colocó a Acuña, sin cambiar el esquema. Acuña se paró en la posición de carrilero, adelantado y jugando por izquierda para tomar la posta de Di María, tratando de repetir, con Koundé, los serios problemas que le causó el autor del segundo gol de Argentina. Quizás, el partido reclamaba otra opción, como la de algún volante con marca o el armado de una línea de cinco con Lisandro Martínez. Es cierto que el partido estaba totalmente controlado, pero había que tratar de evitar lo que podía venirse.

Francia no reaccionaba. Y a Argentina se la vio siempre sólida, compacta, segura de lo que estaba haciendo, sin fisuras y con producciones que fueron creciendo como las del Cuti Romero y MacAllister, aunque, en realidad, no hubo ningún punto flojo en el equipo. Las 88.996 personas que colmaron casi por completo la capacidad de Lusail, observaban la superioridad clara y rotunda de un equipo sobre el otro y en una final. No era poca cosa.

Hasta que llegó la jugada en la que Otamendi derribó a Kolo Muani, no dudó el polaco en marcar la pena máxima y Mbappé se encargó de achicar la ventaja. Faltaban 10 minutos más el descuento. Argentina era dueña total del partido, pero ese gol le ponía dramatismo y una incertidumbre que no se merecía. Se agrandó Francia y una pelota recuperada en el medio posibilitó que se armara una pared que Mbappé, a las espaldas de Molina, capitalizó con un remate cruzado que dejó sin chances a Martínez. En dos minutos, se desmoronaba todo lo bueno que había hecho Argentina. Y a menos de 10 del final.

Ahora el que sintió el golpe fue Argentina y el final del partido lo encontró a Francia más cerca de darlo vuelta, con la gran velocidad de Thuram, Coman (que entró por Griezmann) y Kolo Muani. Argentina apenas pudo complicar con un remate de Messi desde afuera, que Lloris sacó al córner. Y al alargue, con Montiel por Molina.

A Argentina le costaba retomar el vigor que lo había llevado a manejar por completo el partido durante casi 80 minutos. Se puso difícil el partido. Y Scaloni demoraba la inclusión de cambios para corregir, sobre todo en el mediocampo. A Messi también le costaba encontrarse con la pelota como había ocurrido hasta el minuto 80. El partido había cambiado de dueño. O al menos ya no resultaba tan favorable para Argentina. Los cambios que hizo Deschamps le dieron otro ritmo a Francia, otro soporte físico. Hasta que por fin Scaloni sacó a De Paul y a Julián Alvarez, ya exhaustos, para que entren Paredes y Lautaro Martínez, que tuvo dos ocasiones claras sobre el cierre del primer tiempo suplementario.

Argentina se recuperó en el segundo tiempo suplementario, hasta que llegó una buena jugada colectiva que concluyó con un remate de Lautaro Martínez que tapó Lloris y Messi capitalizó el rebote para empujar la pelota al gol. La pelota entró y el VAR actuó para determinar que no hubo posición adelantada en ningún momento. Faltaban 10 minutos para la gloria.

Scaloni metió otro central (Pezzella) para fortificar el juego aéreo en el final. Y apareció otra vez Mbappé para recibir la pelota afuera del área y su remate rozó en el brazo de Montiel. No dudó Marciniak, cobró el penal y el propio Mbappé marcó su hat-trick. Otra vez dramatismo pleno. El Dibu tapa el histórico e inolvidable mano a mano a Kolo Muani y, en la contra, Lautaro Martínez tuvo la chance de que nos quedemos con todo. Final y penales… Montiel respiró hondo. El mundo estaba posando sus ojos en él. Remató cruzado, a la derecha de un Lloris que fue para el otro lado. Se sacó la camiseta y empezó a correr. Quizás no sabía muy bien lo que acababa de conseguir. El viejo y querido fútbol argentino otra vez en lo más alto. Y con la gloria. Para siempre.

Un Mundial record en gritos

* Con los seis goles que tuvo la final entre Argentina y Francia, se llegó a la cantidad de 172 goles en los 64 partidos que duró el torneo, más que en cualquier competencia oficial de Fifa. Los anteriores récords se dieron en 1998 y 2014, con un gol menos (171).

* En once oportunidades se midieron una selección europea contra una sudamericana en la final del Mundial. De esas 11 ocasiones, en 8, el vencedor fue la selección sudamericana. Por otra parte, fue la octava final del Mundial en ir a prórroga y la cuarta de las últimas cinco ediciones. En el caso de Argentina, salió campeón del mundo en 1978 yendo a la prórroga ante Holanda y en 2014 cayó, también en la prórroga, ante los alemanes.

* A propósito de la definición por penales, esta es la tercera final que fue ganada por el campeón en la tanda decisiva luego de empatar en los 120 reglamentarios. El primero en ser campeón por penales, fue la selección brasileña que tenía a Bebeto y Romario como sus grandes figuras (en 1994 ante la Italia de Roberto Baggio). La segunda fue en la definición de Italia contra Francia en el de 2006 en Alemania, que fue el primer Mundial en el que jugó Messi.

* Hacía 20 años que una selección sudamericana no salía campeón. La última vez la logró Brasil en el Mundial de Corea y Japón en 2002. Además, los 15 goles que convirtió Argentina fue el más alto desde 1978 (también 15). El Mundial donde Argentina consiguió más goles fue el de 1930, cuando convirtió 18 goles. Ese fue el motivo, además, de la emoción sin límites del presidente de la Conmebol. Para Alejandro Domínguez, el empujón que le dio al fútbol sudamericano este título argentino ha sido muy trascendente y valorable.

* En los siete partidos que jugó la selección, el primer gol fue marcado por Argentina. Inclusive, en el debut ante Arabia Saudita, también ganaba por la mínima diferencia con el gol de penal de Messi. Luego, Arabia dio vuelta el partido y le quitó el invicto de 36 partidos. Scaloni metió cinco modificaciones, encontró rendimientos notables en Julián Alvarez, Enzo Fernández y Alexis MacAllister y revirtió la situación.

* Lionel Scaloni se convirtió en el entrenador más joven en ganar el Mundial desde 1978. En esa ocasión, César Luis Menotti tenía 39 años cuando lo sacó campeón a Argentina en nuestro país. Scaloni fue campeón con 44 años y 216 días. Desde el 78 hasta la actualidad, todos los entrenadores campeones tenían más edad que Scaloni.

* Messi igualó la marca de Just Fontaine con 13 goles en los mundiales. De todas maneras, es un record que Leo no ha podido superar. Klose tiene 16, Ronaldo 15 y Gerd Müller 14. A propósito de este último, fue homenajeado por Fifa antes del partido por su reciente fallecimiento. Lo propio pasó con otros campeones del mundo, caso Gordon Banks, Diego Maradona, José Luis Brown, Rubén Galván y René Houseman, entre otros. Además, Messi se convirtió en el primer jugador de la historia en convertir en fase de grupos, octavos, cuartos, semi y final en una sola edición. Y como si todo esto fuera poco, Messi logró superar la cantidad de partidos mundialistas de Mattäeus, el alemán, con esa final jugada en Doha.

* Mbappé logró un hat-trick en el final pero no es el primero en hacerlo. El inglés Geoff Hurst hizo lo mismo en el Mundial de 1966. Además, es el segundo jugador francés en llegar como goleador de un Mundial, detrás de Fontaine.

* Otro record en Francia es el del arquero Lloris, quien se convirtió en el primer arquero en jugar 20 partidos en un Mundial.

Fuente: EL LITORAL.