Nadal y Djokovic, en la final más esperada de Roland Garros: hora y TV

El español buscará su centésima victoria y su 13° título en París, además del 20° Grand Slam con el que igualaría a Federer. El serbio, N°1 del mundo, va por su segunda corona en el Philippe Chatrier. Duelo imperdible.

Desde que Roland Garros atravesó las dificultades de un año de pandemia para fijar sus fechas en el otoño parisiense, con el consiguiente abanico de novedades, el mundo sabía que una cosa era inmutable: la final entre el serbio Novak Djokovic y el español Rafael Nadal era el duelo más esperado.

Los dos mejores tenistas del momento cruzarán sus raquetas este domingo (desde las 10, hora de la Argentina, con televisación de ESPN) en un nuevo episodio del desafío más repetido de la historia, deseoso uno de hacer valer su jerarquía de líder del ránking y el otro de conservar su hegemonía sobre la tierra batida.

Un Djokovic-Nadal, el número 56, el octavo en Roland Garros, el noveno en una final de un grande, el 24 sobre arcilla, nada mejor puede proponer el tenis actual que, si acaso, aprovechando los resquicios del COVID-19, le añadió al duelo algunos alicientes para que sea más incierto su resultado.

Porque este nuevo Djokovic-Nadal no tiene el aire de déjà vu que se podía suponer, tendrá lugar en un contexto totalmente diferente a todos los anteriores, sin comparación con ningún otro que se haya disputado en el pasado.

Si en circunstancias normales el favoritismo del español, que busca su decimotercer título en Roland Garros y que sólo perdió dos partidos en ese escenario, sería casi incuestionable, las condiciones meteorológicas de octubre equilibran la contienda.

Picante para el español, que busca su triunfo 100 en la tierra batida parisiense y el vigésimo Grand Slam de su palmarés, que lo iguale con el suizo Roger Federer.

Superar retos

Nadal tiene ante sí un nuevo reto, uno más en la carrera de un tenista que fue superando a base de tesón todos los obstáculos que se le atribuían y que él convirtió en metas para seguir progresando.

Llegó a considerárselo un jugador solo de tierra y ganó todos los Grand Slam. Ahora tendrá que hacerlo en condiciones adversas, con temperaturas bajas, elevada humedad en el ambiente y una bola que rebota menos, lo que atenúa la agresividad de los efectos de los trallazos que salen de su brazo izquierdo.

En definitiva, Nadal tiene que volver a ganar con las alas cortadas, como si el destino hubiera querido poner un peso sobre el español para atenuar su superioridad en Roland Garros.

Pero esa es, justo, su concepción del tenis, aprender, mejorar, adaptarse al medio. A falta de poder dominar los elementos, Nadal se convirtió en el mejor especialista del mundo en navegar por sus recovecos y utilizarlos, siempre que sea posible, a su favor.

Con esa receta, que no paró de repetir desde que aterrizó en la otoñal capital francesa, el número 2 del mundo que, venía solo con tres partidos sobre su espalda tras seis meses de parate por el confinamiento, se plantó en la final sin perder un set, cada partido un poco mejor que el anterior, tal y como figuraba en su hoja de ruta inicial.

Y ahora, en ese escalón en el que nunca perdió antes un partido, tiene de nuevo que domesticar el entorno contra un rival encantado de que el clima le conceda ventaja, que la bola se eleve menos para que su brazo derecho pueda atajarla antes y convertirla en misiles contra la línea de flotación enemiga.

Rafael Nadal celebra tras derrotar Sebastian Korda en la cuarta ronda del Abierto de Francia, el domingo 4 de octubre de 2020, en París. (AP Foto/Michel Euler)
Rafael Nadal celebra tras derrotar Sebastian Korda en la cuarta ronda del Abierto de Francia, el domingo 4 de octubre de 2020, en París. (AP Foto/Michel Euler)

Otoño

Ahí reside la esperanza de Novak Djokovic, que llegó a París con la cicatriz todavía abierta de su descalificación en el Abierto de Estados Unidos, donde le esperaba su 18 Grand Slam que quedó aplazado por un pelotazo a una juez delínea, la única derrota que figura en su casillero en sus 38 duelos de 2020.

El serbio, asentado en el trono del tenis, seguro de salir número 1 pase lo que pase el domingo en la Philippe Chatrier, pelea contra el pasado, contra un rival que le ganó 17 de los 24 duelos en tierra batida, 5 de las 8 finales de Grand Slam, seis de los 7 duelos en Roland Garros.

Eso no valdrá nada cuando salte para disputar su quinta final en París, la tercera contra su mejor enemigo, en busca de levantar una segunda Copa de Mosqueteros, un aliciente suplementario para su ambición, porque en el banco de Roland Garros es donde menos crédito tiene su juego.

El serbio no conoce fronteras, gana en todas las superficies y antes de Roland Garros se hizo en la tierra batida de Roma con su Masters 1000 número 36 para superar en uno a Nadal.

Su camino a la final fue sido más tortuoso, con un set cedido en cuartos contra el español Pablo Carreño Busta y dos más en semifinales frente al griego Stefanos Tsitsipas, que amagó con la remontada pero no la culminó.

Pero hasta entonces su trayecto había sido tan plácido que pese a esos dos contratiempos solo llega con 45 minutos más de tenis que su oponente.

Djokovic cuenta con que el clima le otorgue una oportunidad y poder la gesta de aquel 3 de junio de 2015, cuando aguó el cumpleaños de Nadal propinándole su segunda derrota en el torneo. Antes lo había logrado el sueco Robin Soderling en 2009. Después, nadie más lo ha conseguido.

El serbio Novak Djokovic disfruta su victoria sobre el griego Stefanos Tsitsipas en las semifinales del Abierto de Francia, el viernes 9 de octubre de 2020, en el estadio Roland Garros de París. (AP Foto/Christophe Ena)
El serbio Novak Djokovic disfruta su victoria sobre el griego Stefanos Tsitsipas en las semifinales del Abierto de Francia, el viernes 9 de octubre de 2020, en el estadio Roland Garros de París. (AP Foto/Christophe Ena)

Fuente: TN.

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