Ganar un clásico así no se borra

La chilena de Licha, el tres dedos del Chelo, la Pantera y Romero y, ahora… ¡Enzo! Gracias por otra épica.

Como la chilena de Licha, esa noche de las gargantas afónicas y agónicas, como el tres dedos del Chelo, como el Zaracho para liquidar, como la tarde en que la Pantera y Romero humillaron en la liguilla pre-Rey-de-qué, como esas, las más hermosas, las de los cinco minutos finales, como esas, Enzo, reconciliados, ya está, damos vuelta la página con ese gol que suma cemento y ladrillos para el armado de este equipo. En el primero parecía que estábamos cocidos por ese tic-tac-tic-tac para jugarla, esa inteligencia emocional para jugar el clásico con los de la otra cuadra esperando que arrimen sus carencias y salir a vapulearlos con velocidad, sociedades y voracidad. Así llegó el gol por la santa fe de Chanca en modo Forrest Gump que va y va -y mereció hacerlo, porque la picó perfecto- y el palo del diablo se lo concedió al único verdadero Demonio, tan conocido por los vecinos, y el grito que estalla en el silencio de postal.

No fue una presión asfixiante pero siempre impusimos presencia y juego y más allá del Chila Gómez nuestro de cada día dánoslo hoy y siempre, y de esa hermosa de Charly que si se clavaba arriba venía con diploma de crack consumado. Pero, más allá de eso, la bronca de dejarlos con vida: y en un clásico suele pagarse caro y eso fue lo que pasó en el segundo hasta el empate y el palo nos salvó. Perdimos la pelota, el medio se cayó y los cambios de Gago no nos dieron oxígeno y sufrimos porque el equipo no reaccionaba, Chila sacó mil hasta que en la mejor jugada lo liquidamos con un gol que, mágicamente, tocó la perilla y quitó el sonido ambiente.

Como los ejércitos, como los pilotos de barco, como los amores, los equipos se miden por las difíciles, por cómo aguantan, cómo afrontan, cómo salen de esas encrucijadas a las que los somete el destino. Este final épico, se parece al de la película Arroz amargo, cuando los protagonistas dejan atrás el pasado triste y van en busca de un futuro mejor, superando la amargura. ¿Un clásico? Lo que permanece. ¿Ganar un clásico así? Lo que no se borra. Gracias por otra épica.

Fuente: OLË

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